Recuerdos sobre José María Caparrós Lera (1943-2018)

18 de marzo 2018

Conocí a José María Caparrós Lera en 1985 en Bauprés, un club para jóvenes del Opus Dei que se encontraba a la sombra del templo de la Sagrada Familia en Barcelona. Nos venía a enseñar las diapositivas de un viaje que había hecho en el verano de 1984 a Hollywood. Él estaba feliz y nosotros fascinados de conocer a alguien que había visitado la meca del cine.
De origen aragonés, de familia muy humilde, inició su carrera, ganándose la vida escribiendo críticas cinematográficas. Cuidó de su madre hasta que ésta falleció (era hijo único), y se atrevió siendo integrante activo del Opus Dei a convertirse en profesor de la Facultad de Geografía e Historia en la Universidad de Barcelona, entrando a un campo vetado para las personas que pensaban como él. Dedicó su vida profesional a analizar el cine y a enseñarnos cómo se podía utilizar el cine para estudiar la historia.
Ingresé a la facultad y rápidamente me cobijé en su cubículo. Lo acababan de correr del departamento de Historia del Arte, y había sido recibido con una medio sonrisa en el departamento de História Contemporánea. Quería escribir sobre ese episodio, pero creo que nunca lo hizo, porque se resistía. Era demasiado generoso para recrearse sobre la discriminación ideológica que sufrió.
José María era un ingénuo; caía en lo políticamente incorrecto sin darse cuenta, pero con su sonrisa y pésimo acento catalán desmontaba al que pensara que había tratado ofender.
Hasta donde me quedé, en 1999 (en el que me fuí de Barcelona) era una persona querida por los otros profesores del departamento.
En uno de mis retornos, en los que procuraba siempre visitarlo, o en algún correo me confesó con orgullo que Mercedes Vilanova (quizás la maestra por la que más respeto tengo de esa facultad por sus conocomientos y carácter) había dicho en una reunión de departamento que Caparrós merecía ser catedrático (es el grado más importante de los profesores funcionarios en España). Lo que casi nadie logra, lo consiguió Caparrós ya a punto de la jubilación.
José María concluyó mayor sus estudios de licenciatura y posgrado. En 1992 era profesor ayudante, y entonces fundó la Asociación Film-Historia, y lanzó con Rafael de España el primer número de la revista. En esos años organizamos un Congreso Internacional y trabajamos sobre el Cine en España durante la Primera Guerra Mundial. Viajamos a un Congreso en Amsterdan (fue mi primer viaje en un avión) y publicamos juntos un par de atículos. En aquella época Sergio Alegre, Magí Crusells, Llorenç Esteve y alguno más éramos los que rondábamos la oficina de Jose María.
Años después, cuando ganó la titularidad en la Universidad, se compró un coche nuevo (uno de titular me confesó).
Aunque les parezca mentira, era tan inocente, que te nacía el espíritu protector.
En su cubículo nos juntábamos gente de todas las ideologías; nunca juzgaba, ni nadie se metía en su vida personal. Ideológicamente, a su lado, se respiraba respeto.
José María me ha influído siempre. Lo he comentado en varias ocasiones. Mi forma cercana de tratar a los alumnos es parte de su herencia. La confianza que nos brindó, las oportunidades de firmar, iniciando desde la reseña: de libros o de películas; pasando por los artículos y los libros. Nunca se apropió de un crédito que no le correspondiera.
A finales de los noventa estaba a punto de convertirse en el profesor que más había publicado sobre temas de cine en España. Supongo que por cuestiones de la edad del que le precedía, ha fallecido siendo el más prolífico. Siempre estaba trabajando y publicando.
No puedo declararme discípulo disciplinario de Caparrós, porque aunque inicié la tesis de doctorado bajo su supervisión; pronto entendimos que me iba a dedicar a la Ciencia Política y al estudio de los militares en democracia. Tengo en mi oficina el primer libro que publicó en Alianza Editorial en 1997 (grandes ligas) en las que me dice algo así como: «A Carlos Barrachina, que abandonó el cine por los militares, sin rencor».
Soy, sin embargo, un discípulo en muchas cosas de Caparrós. En mi generación … quizás … (perdón por la pretensión) era uno de los alumnos que interpretaba mejor lo que estaba detrás de sus ojos, básicamente porque los dos venimos del mismo contexto cultural, y porque para los dos una de las cosas más importantes es el respeto ideológico y la libertad de pensamiento.
En su último cumpleaños en facebook, se andaba quejando de su salud. Yo no sabía que estaba enfermo. Le recordé que desde hace más de veinte años nos decía que estaba viejo y enfermo y que dejara de quejarse. Hoy mis padres me han sorprendido con la noticia…. y sólo se me ocurre honrar al amigo, y al maestro con estos recuerdos.
Esperemos que sí esté en el cielo, como desea en su carta de despedida (hay que ser José María para estar escribiendo hasta el último aliento con sentido del humor). Debe haber merecido la pena tanta perseverancia.
Ha fallecido el día en que por fin logré comprar los billetes de avión para viajar a Barcelona con mis hijos ya casi adolescentes. Pensaba ir a verlo este verano para presentarle el reporte de los avances de esta vida.

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